Por: Rigoberto Pitti B. (sociólogo).
¿Y tú eres de la clase media, clase obrera, clase trabajadora, “informal”, subempleada o desempleada?
Para abordar esta distinción con el rigor que merece la conmemoración del Primero de Mayo, hay que alejarse de las definiciones estadísticas liberales que pretenden definir las clases sociales solo por el nivel de ingresos y analizar la relación que los sujetos mantienen con el poder, el capital y el pensamiento colonizado.
Históricamente, dentro del sistema-mundo hegemónico se ha utilizado
estas categorías no solo para organizar el trabajo, sino para fragmentar la
conciencia de los empobrecidos. A continuación, se analiza brevemente la
distinción entre clase obrera, clase trabajadora, clase media y aquellos que
permanecen en la informalidad o precariedad social.
La Clase Obrera
Desde la Teoría Crítica, la clase obrera no es
solo un grupo de personas, sino una posición dentro de la estructura productiva,
siendo el sujeto histórico de la producción. Se trata pues, de quienes venden
su fuerza de trabajo por un SALARIO para la transformación material de la
naturaleza o la creación de la riqueza. Desde esta perspectiva la clase obrera
representa el corazón de la alienación, ya que vive en carne propia la
contradicción entre el trabajo y el capital.
Desde una perspectiva decolonial es importante entender que, en América
Latina y el Sur Global, la clase obrera ha sido racializada. El obrero no es
solo el que trabaja en una fábrica; es también el trabajador de las maquilas o
el operario que trabaja en las minas o megaproyectos extractivistas, cuya mano
de obra es abaratada porque persisten jerarquías raciales coloniales, como la
mano de obra “experta” a cargo de empleados de alto nivel propios de los países
de donde proceden las multinacionales.
La Clase Trabajadora
Esta es una categoría más amplia y política. Incluye a la clase obrera,
pero se extiende a todos aquellos que, al no poseer los medios de producción,
dependen de un salario para subsistir. Aquí se puede incluir al empleo en el
sector de servicios, el trabajo cognitivo o intelectual y, básicamente, el trabajo
de cuidado o empleo doméstico. Como señaló María Lugones (2008), la modernidad capitalista impuso un
sistema de género que despojó de valor económico al trabajo realizado
mayoritariamente por mujeres.
Este día no es "del obrero" en un sentido estricto,
sino de la clase trabajadora en su totalidad. Es la memoria de la lucha contra
las jornadas laborales agotadoras con salarios de hambre, una resistencia
contra la reducción del ser humano a una mera mercancía.
La Clase Media
Desde una sociología crítica, la clase media funciona a menudo más como
una construcción ideológica que como una realidad material independiente, En pocas
palabras, funciona como un dispositivo de amortiguamiento entre la clase
burguesa y la clase obrera.
El concepto de clase media se utiliza como un mecanismo de aspiración y
diferenciación. Se le enseña a este sector de la economía a identificarse con
los valores de la burguesía o la “clase alta” y a distanciarse de la
"clase baja" mediante algunos mecanismos como el consumo y el estatus
educativo.
Esta clase media vive una proletarización encubierta y latente. Aunque
posean títulos académicos o trabajen en oficinas, siguen dependiendo de un SALARIO
y están a una crisis de distancia de la precariedad. Su función sistémica es
servir de amortiguamiento para evitar que la contradicción entre capital y
trabajo estalle.
Los
márgenes de la formalidad
Al
integrar a quienes habitan los márgenes de la formalidad, la estructura de
clases se revela no solo como una cuestión económica, sino que expresa una geografía
humana de la exclusión. Desde la sociología crítica y decolonial, se incorporan
las siguientes categorías esenciales:
·
El
Sector "Informal": Lo
que la economía liberal llama "informalidad" es, en realidad, la resistencia
de la vida frente a un sistema que ha externalizado los costos de la
reproducción social. La división entre trabajo formal e informal suele calcar
la línea de lo humano de la que hablaba Fanon (citado
en Grosfoguel, 2006). El trabajador informal (vendedor ambulante,
reciclador, trabajador doméstico no remunerado) es a menudo racializado y
despojado de derechos ciudadanos, operando en las "zonas de no-ser".
La contradicción dialéctica radica en que el sistema-mundo capitalista necesita
de esta "informalidad" para abaratar el costo de la vida de las
clases medias y altas, mientras ignora la seguridad social de quienes proveen
esos servicios.
·
El subdesempleo
o la explotación fragmentada: El
subempleo es la expresión máxima de la alienación contemporánea. Aquí, el
sujeto posee la fuerza de trabajo y, a menudo, la formación técnica, pero el
sistema solo le permite venderla de forma intermitente o insuficiente (trabajo
eventual o por tiempo parcial). Es el triunfo del capital sobre el tiempo de
vida; el sujeto ya no es dueño de su jornada, sino que debe presentarse ante el
mercado laboral en constante "disponibilidad", lo que Marcuse (1993) identificaría como una forma de control
social totalitaria bajo la apariencia de libertad.
·
La
Población Sobrante o el Desempleo Estructural: A diferencia del "ejército industrial de reserva" de la
Europa del siglo XIX, que ansiaba ser absorbido por las fábricas, el
desempleado actual en nuestras regiones enfrenta la amenaza de ser irrelevante
en el sistema. Quijano (2014) señalaba
que la colonialidad del poder clasifica a ciertos grupos como "población
excedente". Al no ser funcionales para la acumulación de capital, el
sistema tiende a criminalizarlos o a gestionarlos a través de políticas de
asistencia que no permiten la emancipación, sino el control del conflicto
social.
Desmitificación del Primero de Mayo
Para que la conmemoración del Primero de Mayo
sea una verdadera herramienta emancipatoria, hay que tomar en cuenta lo
siguiente:
1.
Reconocimiento
de la interseccionalidad: No existe un "trabajador universal". Las
luchas sociales cruzan dimensiones como la raza, el género y la clase. Un
obrero que ignora la opresión hacia su compañera o el racismo estructural hacia
población originaria está reproduciendo la matriz colonial de las desigualdades
sociales.
2.
Romper la alienación
del consumo: La clase media debe despertar de la ilusión de que es propietaria
de algo y reconocer la vulnerabilidad que comparte con el resto de los
trabajadores.
- Reclamar el concepto de
"Trabajo": Hay que arrebatarle el término al sistema capitalista.
El trabajo también es el que realiza la madre soltera en la periferia, el
joven que sobrevive en el día a día y el desempleado que organiza utiliza
su tiempo para algún voluntariado. Si una persona produce vida, es
trabajo.
- Justicia Epistémica: Hay que reconocer que
las formas de organización de las economías populares (ollas comunes,
cooperativas de base, trueques) no son "atraso", sino semillas
de una economía para la vida que desafía la lógica del lucro.
- Transición hacia una praxis liberadora: Hay
que valorar los saberes y formas de organización comunitaria que el sistema
hegemónico ha intentado borrar bajo la etiqueta de
"informalidad" o "subdesarrollo".
El Primero de Mayo no es un día para celebrar el trabajo como sacrificio,
ni la fiesta de los sindicalistas, sino que también es un día en que los
precarios y los subempleados pueden reclamar su lugar en la sociedad y para
reivindicar el derecho a una vida que no esté gobernada por la lógica de la
acumulación.
Referencias:
Grosfoguel, R. (enero-junio de 2006). La
descolonización de la economía política y los estudios postcoloniales:
transmodernidad, pensamiento fronterizo y colonialidad global. Tabula Rasa(4),
17-46.
Lugones,
M. (Julio-Diciembre de 2008). Colonialidad y Género. Tabula Rasa(9),
73-101.
Marcuse,
H. (1993). El Hombre Unidimensional. Barcelona, España: Editorial
Planeta-De Agostini, S. A.
Quijano,
A. (2014). Polo marginal y mano de obra marginal. En A. Quijano, Trabajo;
Estructura económica; Economía; Mercado de trabajo; Mano de obra;
Capitalismo; Marginalidad; América Latina; (pág. 46). Buenos Aires:
CLACSO.



